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lunes, 31 de marzo de 2014

El poder de la oración



Anoche, antes del segundo gol de River, fui a la cocina a buscar agua. Mi mamá levanta los brazos y dice, "¡wooow! ¡no te puedo creer! ¡gol!". Me dio un poco de cosa. Es como toda esa gente que mira fútbol solo en los mundiales o, en su defecto, partidos, supuestamente importantes como el River-Boca. No sé, no comprendo. Pero esto no es lo importante, aunque tiene que ver con esta entrada.

Cuando estoy regresando a mi cuarto, mi madre me detiene y dice que le gustaría que la acompañe a un lugar. Yo, aunque sabía por dónde venía la mano, decidí preguntar dónde y por qué. -A San Expedito, -me dice. -No, mirá, esas son cosas tuyas, -le digo. -Tenés que venir, Gonzalo, -sentenció. Y volví a la habitación con este conjunto de pensamientos y sensaciones que comentaré a continuación.

Primero tuve bronca: bronca con mi madre, por ser absurda. ¿Dónde está la lógica en esto? ¿El poder de su oración contactó con San Expedito, quien, en un acto de intercambio sagrado con ella, me dio, a cambio de que vaya a visitar su iglesia, un empleo? Pecaré de ateo inconformista pero, en ese caso, pregunto, ¿por qué no me consiguió un empleo mejor? Al menos, uno que tenga que ver con mi carrera.

No pretendo reírme de su fe. En absoluto. Es más, agradezco que, desde donde está y con lo que puede, intenta... no sé... algo. Tengo bronca porque, para ella, tiene más valor su oración que mi esfuerzo. Le resta crédito a su propio hijo. ¿Acaso es más poderosa su oración que mi preocupación a la hora de armar un CV, de enviarlo, y de asistir a las entrevistas? ¿Es el santo quien elaboró un plan de búsqueda laboral, los discursos, la manera de hablar, de vestirme, para así, conseguir el empleo?

Y, hoy por hoy, ¿es el santo el que me mantiene trabajando? No es el santo, ni la oración de mi madre. Es mi esfuerzo, es mi preocupación.

Claro, además agregaré que el empleo no es ideal. No puedo considerarlo un éxito profesional: estoy en lo más bajo de la pirámide de la empresa. Es un trabajo nocturno que te agota física como mentalmente. El área en la que trabajo es considerada una basura para las demás áreas, y no hay posibilidad de desarrollo profesional. El sueldo no es el que me dijeron que iba a ser, la obra social no es la que me dijeron que sería y, el trabajo en sí, no es el que me dijeron que era. Estoy estancado en un trabajo que no me hace feliz, que no me asegura futuro y del que, puedo decir tranquilamente, no me siento capacitado para hacerlo bien (no me considero un buen empleado). Y, después, está el tema archi conocido por mis lectores: aún estoy por consultora, no me efectivizan y sigo cubriendo vacaciones. Nadie me dice si voy a seguir trabajando o si me van a despedir. ¡Ni siquiera San Expedito!

Ya me veo visitando su iglesia el feriado. ¿A vos te parece pasar un feriado con tu mamá, en la iglesia? ¡Por favor!


Así que, así es.

Ustedes, ¿qué piensan del poder de la oración?
¡No se olviden de comentar y compartir el BLOG con sus intimidades! 
Saludos, 

Muy Desempleado.


jueves, 27 de marzo de 2014

Cuando era chico quería ser astronauta



No vamos a entrar en terrenos filosóficos de los que nos costaría salir, claro, más por pereza que por falta de inteligencia, obviamente. El otro día fui al cine a ver La vida secreta de Walter Mitty. Y, luego de ese disparador de... ¿asociación de ideas...?

Todos nosotros, los seres humanos, tenemos límites por todos lados. Hay algunos trabajos que sé, jamás podré hacer:

1. Jamás podré ser aquello que soñaba ser en la infancia: astronauta y bombero. Creo que lo de astronauta es evidente. Lo de ser bombero, tengo algunas chances aún, pero la veo complicada si no consigo un empleo en relación de dependencia.

2. En mi período adolescente quería ser dos cosas (también): deportista y músico. Parece como que el generoso bombero, o el misterioso e inteligente astronauta, héroes que entregan su vida a la nación y al mundo, que soñaba ser cuando pequeño, ahora, se tornaban más a lo introspectivo, a lo personal. En la primera mitad de la adolescencia estaba volcado al deporte, tal vez, influenciado por el ejercicio físico necesario para ser astronauta. Tal vez, sabiendo que nunca conseguiría serlo, sentado, viendo televisión y disfrutando de mi niñez en un país tercermundista, conformándome sobre todo, opté por algo más posible como ser deportista: personas aclamadas, reconocidas que no arriesgan su vida pero se sacrifican en su trabajo tanto para sí mismos, como para el público. Y me olvidé de ser astronauta y bombero.

Cuando comencé (¿inconscientemente?) a hacerme esas preguntas existenciales del período adolescente, me volví algo oscuro y deprimido. Volcado al arte, a la necesidad de ser aceptado, de encajar en el mundo, de expresarme, de producir cosas.

3. Saliendo de la adolescencia (si es que ya salí), me incliné por la practicidad pero sin abandonar esa necesidad de producción y de expresión. Soy una mezcla desequilibrada de deseos. Y esto se debe a que, por un lado, quiero ser algo, quiero aportar algo a este planeta, ya sea expresándome artísticamente o haciendo un trabajo distinto. Algo que mejore nuestra calidad de vida, quizá. Y, por otro lado, quiero un trabajo completamente normal, mediocre, algo rutinario y robótico. Más que nada porque no tengo empleo y, hoy por hoy, me conformo con casi cualquier empleo que me asegure estabilidad.

Entonces, todo se reduce a lo que uno quiere y a lo que uno necesita. Son como los lobos interiores de ese pequeño cuento Cherokee. El lobo de lo que uno quiere y el lobo de lo que uno necesita. ¿Cuál va a quedar vivo? El que vos alimentes. Y también es como dice el Señor Miyagi en Karate Kid: el camino de la izquierda, bueno; el camino de la derecha, también bueno. Pero nunca por el medio. Creo que era así la frase de Miyagi, algún lector más atento, me corregirá en el caso de ser necesario.

Claro, es difícil hacer todo a la vez. Tener un empleo y, tal vez, otro voluntario (por ejemplo); y además, crear (artísticamente hablando). No digo que no se pueda. Algunos lo han conseguido. Pero uno debe elegir que clase de vida quiere vivir y aceptar los sacrificios que esa vida exige. Podría conseguir un empleo voluntario, por ejemplo. Pero, primero, tengo que poder sobrevivir yo. Alguno dirá que no, que no es necesario. Bueno, yo digo que si no como, si no pago mis cuentas o si no voy al médico, poca ayuda podré brindar a otros.

Hoy en día no soy el héroe que quería ser en mi infancia, ni soy el aclamado personaje que deseaba en la adolescencia. Soy solo una mezcla de deseos y necesidades insatisfechas. Casi que me corrompería por seguridad y necesidad, casi que me conformaría con una posición relajada, para ver algo en la tele al regresar de algún trabajo en relación de dependencia, y que me asegure estabilidad económica, y nada más.

Supongo que ahí está la diferencia entre la gente que se conforma y los héroes.

Mientras sigo buscando y esperando ese empleo, divido mi tiempo haciendo las cosas que puedo, quiero y se me permite hacer. Analizás el pasado y, cada año que pasa sentís que estás mirando más hacia el suelo, que hacia las estrellas. O algo así.

No se olviden de dejar sus impresiones y recomendar el blog!
Saludos,
Muy Desempleado.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Anécdotas de (otros) Muy Desempleados



Desde que empecé este blog, MuyDesempleado y lo menciono en reuniones, siempre alguien se acerca a contarme alguna de sus historias, y me sugieren publicarlas. Claro, algunas son geniales pero no personales, ni tampoco podría asegurar que sean reales. De todos modos, y en honor a todos ellos, acá mencionaré algunas de ellas...

1. Hay empleos curiosísimos, algunos geniales y otros son, como mínimo, un callejón sin salida. El curioso aviso en Zonajobs al que se postuló (un amigo mío) el Muy Desempleado de turno que me la contó: el empleador quería una entrada para ver a Roger Waters. El trabajo era simple: levantarse temprano, hacer la fila el tiempo que sea necesario y sacar una entrada para el recital. Si salía todo bien, habría posibilidades de contratación para sacar las entradas del próximo artista internacional que venga al país y que le guste al empleador. Extraño, ¿o no? Lo cierto es que no quedó seleccionado, ya sea porque no pareció confiable o, tal vez, porque mi amigo no es del palo. ¿Quién sabe?

2. ¿A quién no le gusta el sexo? La mayoría de los amantes del porno se piensan que el trabajo del actor pornográfico es fácil. Pero no. El hermano de la amiga de una amiga de mi novia, me contó en una fiesta, que su hermano tuvo un casting para una película pornográfica. En el casting, tres tipos estaban sentados en una mesa y le dijeron a nuestro muy desempleado: bueno, desnudate y comenzá a masturbarte. Pensó que no iba a poder hacerlo sin ayuda de alguna fuente de motivación y delante de tres tipos que lo miraban atentamente. Pero lo logró. Y cuando terminó, completamente satisfecho con su tarea, uno de los tipos llamó a una chica y le dijo a nuestro Muy Desempleado: bueno, ahora cogete a ella. No pudo. No estaba destinado al mundo del porno, sin dudas. Todavía sigue yendo a castings, pero de películas y producciones más tradicionales.

He escuchado historias de gente que se postula a avisos para llorar en velatorios, por ejemplo, y otras para aplaudir exageradamente, y reírse a carcajadas, en el stand up de determinados artistas.

3. Hay personas que, por las razones más extrañas, no logran llegar a la entrevista. Por ejemplo, en Formosa, la prima de un amigo, una chica llamada Zulma, dice que tenía una entrevista en un local de ropa, una mañana de agosto del 2011. Abrió la puerta de calle, sacó la moto afuera, cerró la puerta y subió a la moto. De repente, vio luces extrañas que se reflejaban en el suelo. Cuando miró hacia arriba, vio algo que tapaba toda su visión. Algo grande. Algo como... (sí... eso...) un OVNI. Dice que quedó paralizada por unos segundos (que le parecieron minutos). No sabe cómo ocurrió pero, de repente, encendió la moto y salió, y el OVNI salió disparando hacia quién sabe qué lejana galaxia, claro. Zulma nunca llegó a la entrevista. ¿Y adónde fue?, pregunté a su primo. Ni puta idea, me dijo... supongo que a la iglesia.

5. Y, así como hay personas que no llegan a las entrevistas, hay otras que casi no salen vivas de ellas. Una chica estaba sentada, al fondo, en la oficina de una perfumería del barrio de Almagro, en una entrevista laboral cuando, alguien le da un patadazo a la puerta y entra. ¡Esto es un asalto!, dice un muchacho de no más de 17 años. Eran dos ladrones adolescentes que metieron a todo el personal, a los clientes y a la postulante para el empleo de cajera, en el depósito, todos apretaditos. Uno de los ladrones le apuntó a esta muchacha y le dijo: la caja fuerte, ¿dónde está la caja fuerte? No sé, no sé, dijo. Entonces el ladrón le disparó a una botella de Poett lavanda. ¡Yo no trabajo acá! ¡Vine a una entrevista!, dijo nuestra pobre busca empleo. Entonces, el ladrón apuntó a otra persona que sí trabajaba ahí, quien les llevó hasta caja fuerte, sacaron el dinero, tomaron unos desodorantes y todo volvió a la normalidad. Claro, nuestra amiga desempleada estaba shockeada. Bueno, ¿continuamos?, dijo la empleadora. No, está bien, prefiero irme, dijo la muchacha.



Hay de todo, ¿o no? Una vez me ofrecieron... ah, no. Hoy era sobre otros Muy Desempleados. Luego les cuento qué me pasó a mí.  

No se olviden de comentar, recomendar y volver.
Saludos,

jueves, 6 de marzo de 2014

Orientación vocacional




Un amigo, al que conocí en uno de esos empleo-desgracia, me dijo una vez que sería interesante escribir una entrada que hable sobre el lado lindo de ser desempleado (porque sí, a veces, tiene sus momentos).

La realidad es que, estos dos feriados de carnaval llegaron en el momento justo: tuve dos semanas de trabajo muy duro, con mucha tensión luego de descubrir que la consultora me mintió, que no voy a estar trabajando tres meses de prueba, con posibilidad de efectivización, sino que trabajaría como cubridor de vacaciones por dos semanas y luego, casi seguro, a la calle.

El lunes y martes viví los feriados como deben ser, como feriados. Lo único que hice durante dos semanas fue dormir, almorzar e ir a trabajar. Por suerte, tuve la posibilidad de disfrutar estos dos días, al máximo. Leí bastante, miré algunas series, escribí algunos textos y canciones, grabé algunas cosas y sobre todo, descansé.

Estas actividades me recuerdan a mi vida de desempleado, a mi vida de estudiante y, a la vida que quiero tener. No es que quiera ser un rey, que no deseo trabajar, sino que, como todos, quisiera trabajar de lo que me gusta.

Esto me recuerda a cuando estaba en el último año de la secundaria y mi mamá me preguntaba qué iba a hacer con mi vida. Todos los días, a todas las horas estaba encima mío, ella y su preocupación: ¿qué vas a hacer con tu vida? ¿qué vas a estudiar?
Me costó decidirme por una cosa (porque me gustan muchas) y, como ella no soportó mi indecisión, me sacó turno en el hospital, con una psicóloga, para la orientación vocacional.

No recuerdo exactamente cómo fue la charla pero, estoy seguro que la pregunta de la psicóloga iba de por qué razón estaba ahí. Recuerdo haber dicho que estaba ahí para que me digan qué debía hacer o estudiar. Ella me dijo: esto no es un test vocacional, acá orientamos a la persona para que descubra qué le gustaría hacer. Me fui del consultorio pensando en que no me era necesario continuar con esa orientación: yo sabía qué cosas me gustaban, me interesaban y me motivaban.

Creo que fingí ir a la orientación durante un tiempo. Mi madre nunca me preguntó sobre ello o, al menos no lo recuerdo. Pienso que ella sabía que yo sabía qué quería, pero me apuraba, simplemente, para que me mueva, para que haga cosas. Así que, desde aquellos días no paro de hacer, de estudiar y capacitarme todo lo posible. Solo me falta conseguir el empleo adecuado.

Hoy, mi madre no me apura como en aquellos días: me deja dormir, me trata bien, porque tengo un empleo (¿o tuve?: la RRHH de la empresa me dijo que espere hasta el viernes porque la selección se atrasó por los feriados). Para mi mamá, lo importante es trabajar, no importa de qué o cómo. Está feliz, se siente completa por mí. Yo, al menos estos dos días de descanso, de ser yo, me sentí bien.

Y, a pesar de no haber hablado de casi nada en particular, esta entrada es, algo así como un rejunte de pensamientos. Y no mucho más.

Lectores están invitados a comentar y recomendar el BLOG.
Saludos,


miércoles, 5 de marzo de 2014

Fin del contrato II

Había escrito una entrada, un tanto optimista para el día de hoy. Trataba sobre varios temas, entre ellos, los feriados y la orientación vocacional. Pero tendrá que ser la entrada de otro día porque sucedió lo siguiente:

Los lectores atentos ya conocen la historia. Quienes no, podrán leer las distintas partes que la conforman: PARTE 1 - PARTE 2 - PARTE 3 - PARTE 4

Prosigamos.

Hoy era un día clave, por, sobre todo, dos razones:
1. Me iban a informar si ya estaba el pago de las dos semanas que trabajé.
2. Me despedirían o me efectivizarían.

Empecé a trabajar en esta empresa como inventarista. Fui contratado por la consultora G**** L******, que me mintió, entre otras cosas, diciendo que estaría de prueba tres meses y que luego había posibilidades de efectivización. Cuando llegué al empleo, me encontré con que me habían contratado para reemplazar al cubridor de vacaciones, que renunció a los dos meses y medio de trabajo. Por lo tanto, mi vida útil, ahí, era de dos semanas, no de tres meses.

Si bien veía lejos la posibilidad de efectivización, la semana pasada tuve una entrevista directa con la empresa. La desconsiderada, descortés e indiscreta RRHH de la empresa, me dijo que le parecía raro que quieran efectivizar a alguien que tiene dos semanas de trabajo, teniendo en cuenta que hay otros empleados con más tiempo y experiencia esperando que los efectivicen. Argumenté que estaba haciendo un buen trabajo pero no sé si la convencí. De todos modos, me envió a hacer los exámenes médicos. Me dijo que el lunes 3 de febrero me llamarían para firmar el contrato y que, esa misma noche comenzaría a trabajar. Ni ella ni yo nos percatamos de que fue feriado o, al menos eso quiero creer.
Así que yo supuse que el día clave era hoy.

El día 28 de febrero se acabó mi contrato.

Hoy me levanté y le envié un mail a la RRHH de la consultora diciendo esto:

De: Gonzalo
Para: tt*****
Hola T*****, soy Gonzalo *****. Los de administración de RRHH jamás me pasaron la fecha exacta de cobro. Supongo que ya está disponible. ¿Me lo podés confirmar, por favor?

Muchas gracias.

Me respondió al instante...

De: tt*****
Para: Gonzalo
Gonzalo;
Recién averigue y cobras el próximo lunes 10-03-2014
Saludos

La realidad es que esa respuesta no me decía nada. Yo necesitaba saber qué iba a pasar con mi vida: si seguía trabajando, si me iban a pagar las dos semanas, si me iban a liquidar el sueldo... ¡algo! Así que le respondí.

De: Gonzalo
Para: tt*****
¿Alguna información más?:
1.¿Por cheque, por débito? (Me habías dicho que el cobro era en los 5 primeros días hábiles. ¿Alguna explicación del por qué debo esperar tanto tiempo?)
2.¿Me despidieron o algo? (Ya que me dijeron que los contratos finalizan en marzo y que yo estaba como reemplazo del cubridor de vacaciones, que renunció).

Espero tus respuestas, muchas gracias.

A lo que me responde lisa y llanamente esto:

De: tt*****
Para: Gonzalo
Si venite con tu dni el próximo lunes 10-03-2014 a las 12hs aca a av Belgrano 1580!
Saludos

¡¿Sí, qué?! ¿Me despidieron?, ¿el cobro es por cheque, por débito? ¡¿Sí, qué?!
No le respondí porque entré en un violento tornado de ira desenfrenada que terminó en transformarse en nervios, tristeza y frustración.

Siendo ya el mediodía, sigo esperando el llamado que me diga que me efectivizan pero, claro, a esta altura, ya parece imposible.

Así que, así fue.

¿Qué me dicen que haga? ¿Se puede hacer algo al respecto? ¿Algo más que quedarme esperando? ¿Algo más que seguir buscando empleo? Quiero venganza, quiero muerte. En fin, no me siento muy bien el día de hoy.

Espero sus comentarios.
Saludos,

lunes, 17 de febrero de 2014

Cubridor de vacaciones



Tal vez hayas leído mi entrada anterior: Dos consultoras, dos entrevistas, un empleo. Si no lo hiciste, te la recomiendo para seguir el hilo. Y si no tenés ganas: acá un pequeño resúmen:

1. Me postulé a un aviso para inventarista, en una consultora. Me llamaron a la brevedad y concretamos una entrevista, donde me dijeron que el puesto era efectivo (a prueba por 3 meses), contratado directo por la empresa y posibilidades de desarrollo en cualquier área de la misma; tendría la obra social Galeno, el sueldo sería $**** (en mano $****)

Se suponía que el miércoles tendrían a los candidatos y avisarían por sí o por no.

2. El domingo me llega un mail de otra consultora, para el mismo empleo (al que me postulé dos meses atrás). Si bien era el mismo empleo, el acuerdo era otro: puesto temporal, luego de 3 meses, la empresa solo conservaría al 50% del personal contratado y lo reubicaría en sectores administrativos. El sueldo era el mismo, pero fuera de convenio y no se hizo mención a la obra social.

Se suponía que yo tenía que tener disponibilidad para empezar en cuanto me llamen, aunque no sabían con seguridad si eso (yo) iba a ser necesario.

El día jueves me llaman de esta segunda consultora para que vaya a llenar la documentación. Cuando corto la comunicación, me llaman de la primer consultora para concretar una entrevista directa con la empresa, para el día lunes. Entonces le digo: mirá, me llamaron de otra consultora, quieren que vaya a llenar la documentación. Sí, pero deciles que vos tenés una entrevista con la empresa, el lunes, me dice la de rrhh. Que se yo.

Y fui a llenar la documentación, bastante nervioso porque no sabía exactamente qué hacer. Analicemos: la primer consultora me ofrece un empleo efectivo y la segunda, uno temporal. Pero, parecen el mismo aviso. El primero, algo “Photoshopeado”, y el segundo, algo más crudo. Mi realidad era que el segundo me ofrecía comenzar a trabajar y el primero una entrevista directa con la empresa.

No sabía cuál estaba manipulando el aviso y/o la entrevista. Me sentía algo paranóico. Pero iba decidido a que, si me contrataba la consultora, iba a decirles que no, porque el lunes yo tenía una entrevista con la empresa que, supuestamente me haría efectivo. ¿Se entiende?

Pero llego y le comento mi situación a la rrhh y se ríe. Con aires de superioridad dice: es imposible que te contrate la empresa directamente. Nosotros buscamos gente para esta empresa desde hace tiempo y confían en nosotros. Por eso, no concretamos entrevista con la empresa. Vos, con nosotros empezarías a trabajar hoy. Te mintieron en esa consultora. La empresa no contrata de manera efectiva, ni directamente. 

Como comentaba antes, yo había apostado a la entrevista directa con la empresa, el día lunes (hoy), pero esta segunda consultora me ofrecía comenzar a trabajar en el acto. Y, bueno, un desempleado inseguro no tiene coraje al apostar. Firmé los papeles.

La rrhh me dice: entre las 17 y las 19, un supervisor se va a comunicar con vos, para coordinar por donde van a pasar a buscarte. La empresa trabaja por zonas, así que, como vos vivís en Belgrano, te van a asignar al sector Norte, el supervisor te pasa a buscar y después del trabajo te lleva nuevamente. Genial, le dije. Y fui a casa a esperar.

Cuando iba en el colectivo, hojeando los papeles, vi que no me asignaron Galeno, me asignaron Osdepym... y lo obvio, leí que la consultora se queda con más de mil pesos por mes, de mi sueldo, por los servicios que me brindaron.

A las 16:45 me suena el celular, era un supervisor que me dice: no sé por qué te asignaron conmigo. Yo vivo en Mataderos, es imposible que te vaya a buscar y que te lleve de vuelta a tu casa. Vas a tener que moverte solo o encontrarte con nosotros en algún punto... que va a ser.

Así que, el primer día tuve que ir hasta Villa del Parque y, al regreso me dejaron en Acoyte y Rivadavia... a las 3 de la mañana. De ahí, una hora y media, entre que esperé el colectivo y el viaje hasta mi casa. (*)

En el viaje hasta Acoyte y Rivadavia, le comento al supervisor lo de las dos consultoras y el arreglo que agarré al final:

“En la consultora me dijeron que el sueldo es $****, la consultora se queda con más de mil pesos, la obra social es Osdepym, el trabajo es temporal, por tres meses y luego, la empresa se queda con el 50% del personal, al que incorporarán a sectores administrativos”.

Todos los que iban en el auto se empezaron a reir a carcajadas. Flaco, te mintieron, me dijo el supervisor. Vos estás acá como “Cubridor de vacaciones”, y... mirá: aunque vos trabajes bien, yo tengo que darle prioridad a la cercanía zonal. Yo vivo en Mataderos, los otros chicos viven a diez cuadras de mi casa. Vos vivís en la otra punta. Así que, en cuanto vuelvan los chicos de vacaciones, yo tengo que decidir qué hacer y, la verdad, no me sirve que vivas tan lejos.

Se supone que hoy, el supervisor iba a hablar con su jefe para ver si me pasan al equipo Norte. Sino, voy a tener que seguir viajando hacia la zona de Mataderos... hasta que me despidan... supongo.

No me quiero poner en víctima pero todos alteraron un poco la realidad y me cagaron. Si hoy no se resuelve el tema de la zona, llamaré a la consultora. En algún momento les contaré.

Así que, así fue.
No se olviden de comentar, de opinar y proponer.
Saludos, 

(*) En mi segundo día tuve que ir hasta Av. Eva Perón y Gral. Paz.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Una nueva entrevista fallida

Venía apretado, sudando y triste, escuchando People Have The Power de Patti Smith y pensaba en esa escena de subte línea D. La gente tiene el poder.

Pienso que ninguna historia tiene final conclusivo. Al menos, en 29 años de vida que llevo vividos, no recuerdo que algo tenga un feliz final de temporada. Todo es un final inconcluso o infeliz. Y durante la temporada, lo que no es un obstáculo, es una esperanza que se pierde de un momento a otro.

Claro, hablo de lo laboral, de lo económico. Pero el poder que tiene esa zona en la vida de todos nosotros es inmenso. Yo vivo en la zona en que el problema es económico, laboral o misteriosamente kármico, la zona en que me veo haciendo las mismas cosas una y otra vez y no consigo resultado alguno, la zona en que analizo la situación en la que me encuentro, trazo un plan y cuando lo llevo a cabo, nada sale bien o se estanca (que es lo mismo que salga mal). Vivo en la zona donde todo es un comienzo, planear algo nuevo, una salida, un agujero en la pared para respirar, y donde te volvés a llenar de ideas y subjetividad. Vivo en la zona del fracaso constante, donde lo romántico de la esperanza suena repetitivo.

Estuve en una entrevista en el Instituto Americano para un puesto administrativo. Fue la entrevista más corta de mi vida. tres minutos. Máximo cinco: pasé de la esperanza a la tristeza en menos de un minuto. 

Entré, me presenté y me preguntó sobre mi experiencia laboral. Le comento que tengo experiencia en el área administrativa ya que trabajé en una escuela de arte y como profesor de Diseño Gráfico. Me dijo que el trabajo es muy simple y que lo podría hacer a la perfección pero es un trabajo de 9 a 18 de lunes a viernes y los sábados de 9 a 13, $3500 y no me dejaría tiempo para dedicarme a mis cosas. 

El tipo asumió que yo buscaba un trabajo part-time para continuar con otras tareas, supongo. Tal vez, algo referido a mi carrera. Pero yo estoy muy interesado en la propuesta, le digo. Si ves atentamente mi CV vas a notar que he trabajado en puestos administrativos y operativos toda la vida, y a la par, podía dedicarme a estudiar que es lo que más me gusta. Pero, para estudiar, debo poder mantenerme, le digo. ¿Realmente querés trabajar acá? Este trabajo es una boludez, la paga no es buena... no es que no lo puedas hacer, creo que lo harías perfectamente, me dice, pero no sé si es para vos. ¿Por qué querés trabajar acá? Necesito sobrevivir y me siento cómodo en este tipo de trabajo, le repito.

Bueno, dejame ver, me dice. Hoy, alrededor de las 18 voy a llamar a la gente seleccionada. Pero no te puedo prometer nada, la verdad, me dice.

Y me fui. Es todo tan injusto conmigo y con mucha gente. Llevo días apostando, preparándome para esta entrevista: lustrar los zapatos, elegir la ropa, usar gel, afeitarme, aprender el camino hacia el lugar, preparar mi discurso, etc. Y claro, también invertí mi tiempo y el poco dinero que me queda en viajes, por ejemplo.

Cualquiera podría decir que lo mío es contínua queja, que alguien bien plantado en la vida, no sería tan llorón. Porque la vida es eso: es una inversión, las cosas salen mal y tenés que continuar, tenés que sobrevivir sea tu empresa un éxito o un fracaso. Estamos de acuerdo: las cosas salen mal y hay que continuar. El tema es hasta cuándo uno quiere o puede continuar intentando.

Y ahí viajaba yo, parado en una esquina, mirando a la gente que comparte subte, que van hacia sus trabajos cada día. Me los cruzo de vez en cuando, cuando voy a alguna entrevista.

Así que, así fue.
Saludos,
Muy Desempleado.

viernes, 3 de enero de 2014

Nash, los colectivos y el empleo



Hace un tiempo atrás escuché esto de “El equilibrio de Nash(*)” y me recordó lo siguiente: cuando voy a lo de ******, en Caballito, suelo tomar el 114 (en la puerta de mi casa) para ir hasta Barrancas y de ahí, el 55 hasta Caballito. Pero a veces, si el 114 tarda en venir, camino hasta Cabildo y espero al 60, que tiene fama de venir a cada rato. 

El tema es que, cuando espero mucho tiempo al 114, me canso, voy hacia Cabildo y, cuando estoy por la mitad del trayecto, aparece y tengo que correr hacia alguna de las paradas (la de la esquina de casa o la de la esquina Cabildo). Por lo general, lo pierdo. Otras veces, voy directo a esperar el 60. Luego de unos minutos de espera me doy vuelta y veo como el 114 cruza Cabildo y me deja abandonado. 

Como dije antes, el 114 también para en la esquina de Cabildo y Blanco Encalada. El 60 casi en la esquina de Cabildo y Monroe. Hay menos de una cuadra de distancia entre ambas paradas.  Solía quedarme en Cabildo y Blanco Encalada, atento y, cuando uno de los colectivos se acercaba, corría a la parada. Pero esto de correr desesperado no es buena estrategia. No me gusta traspirar y hacer esfuerzo extra.

Mi prioridad es el 114 porque está en la puerta de mi casa y me deja en la estación de tren, donde para el 55. Con el 60 debo caminar o correr.

Entonces lo que hago ahora es lo siguiente: salgo de casa y veo si viene el 114. Si no viene, me fijo si se acaba de ir, o sea, mirando si está yendo hacia Cabildo. Si no está adelante, me quedo en la parada porque tengo chances de que no haya pasado recién, y siempre es mejor no caminar. Si lo veo irse, voy al 60. Pero, por lo general apuesto a que el 114 va a venir, por eso, me quedo en la parada enfrente de mi casa.

Si me quedé en la parada y en veinte minutos no vino, sigo esperando porque cuanto más espere, más cerca estaría de que llegue. 

 Lo que quiero decir con todo esto es que, si mantenés una estrategia por mucho tiempo, no conviene cambiarla porque, cualquier cambio que metés en el medio te genera más problemas que los que tenías en principio. Si yo, después de 20 minutos de espera del 114 me tomara un taxi, es probable que, antes de llegar a Cabildo, el colectivo aparezca por detrás. El gasto del taxi y la espera no se justifican. 
O, si en vez de tomar un taxi voy hacia el 60, me pasaría lo mismo (no se justifica la espera) y, posiblemente, corra el riesgo de seguir retrasándome.

El otro día me llamaron para un empleo de embalador, en Chacarita. Era en blanco, buen sueldo y posibilidades de progreso en la empresa, según me dijo la empleadora. Y lo pensé bien. ¿Me conviene cambiar la estrategia a esta altura? ¿Dedicarme a otra cosa que no sea mi profesión, mis estudios? Tal vez sí, porque hay que adaptarse y sobrevivir. Pero, por otro lado, pienso que todos esos años de estudio, de inversión de dinero, de tiempo y esfuerzo, fueron por algo. Voy a seguir mi propio ejemplo de los colectivos. Voy a mantenerme en la estrategia.

Así que bueno, ¿vos qué harías?
Saludos,
Muy Desempleado.

(*)Sabrán entender que, explicar el equilibrio de Nash me llevaría mucho tiempo. Es interesante, atrévanse a investigarlo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Top 5 de trabajos ideales


De pibe era bastante genérico. Quería ser bombero y astronauta. Demasiado esfuerzo. Después me degeneré un toque. De adolescente siempre quise trabajar en un video club. Solamente para estar sentado y ver películas todo el día, claro. Pero, como que el cine decayó y me incliné por las series.

Mi lista de trabajos ideales, hoy en día, sería:
1. En cualquier sector, departamento, etc. de HBO.
2. De guionista en cualquier programa.
3. En una funeraria.
4. En un albergue transitorio.
5. De detective privado.

También me hubiera gustado heredar una fortuna como Hugh Grant en Un gran chico. O tener mi disquería como Jack Cusack en Alta Fidelidad. 
<MUY FUERA DE LUGAR. ME DISCULPO>En mis momentos más desesperados me gustaría tener cáncer y cocinar metanfetamina.</MUY FUERA DE LUGAR. ME DISCULPO>

Concluyendo esta entrada, me queda decir, simplemente que, en alguna época me hubiera inclinado por ser cura. Pero me avergüenza perseguir muchachitos para darles la sagrada cum... perdón, comunión. 

<OPINIÓN POPULAR>Che, no todos los curas son pedófilos homosexuales. Algunos curas son heterosexuales y les gusta embarazar monjitas.</OPINIÓN POPULAR>

¿Cuál es el top 5 de trabajos que te gustaría tener?
Saludos, 
Muy Desempleado.


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