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lunes, 31 de marzo de 2014

El poder de la oración



Anoche, antes del segundo gol de River, fui a la cocina a buscar agua. Mi mamá levanta los brazos y dice, "¡wooow! ¡no te puedo creer! ¡gol!". Me dio un poco de cosa. Es como toda esa gente que mira fútbol solo en los mundiales o, en su defecto, partidos, supuestamente importantes como el River-Boca. No sé, no comprendo. Pero esto no es lo importante, aunque tiene que ver con esta entrada.

Cuando estoy regresando a mi cuarto, mi madre me detiene y dice que le gustaría que la acompañe a un lugar. Yo, aunque sabía por dónde venía la mano, decidí preguntar dónde y por qué. -A San Expedito, -me dice. -No, mirá, esas son cosas tuyas, -le digo. -Tenés que venir, Gonzalo, -sentenció. Y volví a la habitación con este conjunto de pensamientos y sensaciones que comentaré a continuación.

Primero tuve bronca: bronca con mi madre, por ser absurda. ¿Dónde está la lógica en esto? ¿El poder de su oración contactó con San Expedito, quien, en un acto de intercambio sagrado con ella, me dio, a cambio de que vaya a visitar su iglesia, un empleo? Pecaré de ateo inconformista pero, en ese caso, pregunto, ¿por qué no me consiguió un empleo mejor? Al menos, uno que tenga que ver con mi carrera.

No pretendo reírme de su fe. En absoluto. Es más, agradezco que, desde donde está y con lo que puede, intenta... no sé... algo. Tengo bronca porque, para ella, tiene más valor su oración que mi esfuerzo. Le resta crédito a su propio hijo. ¿Acaso es más poderosa su oración que mi preocupación a la hora de armar un CV, de enviarlo, y de asistir a las entrevistas? ¿Es el santo quien elaboró un plan de búsqueda laboral, los discursos, la manera de hablar, de vestirme, para así, conseguir el empleo?

Y, hoy por hoy, ¿es el santo el que me mantiene trabajando? No es el santo, ni la oración de mi madre. Es mi esfuerzo, es mi preocupación.

Claro, además agregaré que el empleo no es ideal. No puedo considerarlo un éxito profesional: estoy en lo más bajo de la pirámide de la empresa. Es un trabajo nocturno que te agota física como mentalmente. El área en la que trabajo es considerada una basura para las demás áreas, y no hay posibilidad de desarrollo profesional. El sueldo no es el que me dijeron que iba a ser, la obra social no es la que me dijeron que sería y, el trabajo en sí, no es el que me dijeron que era. Estoy estancado en un trabajo que no me hace feliz, que no me asegura futuro y del que, puedo decir tranquilamente, no me siento capacitado para hacerlo bien (no me considero un buen empleado). Y, después, está el tema archi conocido por mis lectores: aún estoy por consultora, no me efectivizan y sigo cubriendo vacaciones. Nadie me dice si voy a seguir trabajando o si me van a despedir. ¡Ni siquiera San Expedito!

Ya me veo visitando su iglesia el feriado. ¿A vos te parece pasar un feriado con tu mamá, en la iglesia? ¡Por favor!


Así que, así es.

Ustedes, ¿qué piensan del poder de la oración?
¡No se olviden de comentar y compartir el BLOG con sus intimidades! 
Saludos, 

Muy Desempleado.


jueves, 6 de marzo de 2014

Orientación vocacional




Un amigo, al que conocí en uno de esos empleo-desgracia, me dijo una vez que sería interesante escribir una entrada que hable sobre el lado lindo de ser desempleado (porque sí, a veces, tiene sus momentos).

La realidad es que, estos dos feriados de carnaval llegaron en el momento justo: tuve dos semanas de trabajo muy duro, con mucha tensión luego de descubrir que la consultora me mintió, que no voy a estar trabajando tres meses de prueba, con posibilidad de efectivización, sino que trabajaría como cubridor de vacaciones por dos semanas y luego, casi seguro, a la calle.

El lunes y martes viví los feriados como deben ser, como feriados. Lo único que hice durante dos semanas fue dormir, almorzar e ir a trabajar. Por suerte, tuve la posibilidad de disfrutar estos dos días, al máximo. Leí bastante, miré algunas series, escribí algunos textos y canciones, grabé algunas cosas y sobre todo, descansé.

Estas actividades me recuerdan a mi vida de desempleado, a mi vida de estudiante y, a la vida que quiero tener. No es que quiera ser un rey, que no deseo trabajar, sino que, como todos, quisiera trabajar de lo que me gusta.

Esto me recuerda a cuando estaba en el último año de la secundaria y mi mamá me preguntaba qué iba a hacer con mi vida. Todos los días, a todas las horas estaba encima mío, ella y su preocupación: ¿qué vas a hacer con tu vida? ¿qué vas a estudiar?
Me costó decidirme por una cosa (porque me gustan muchas) y, como ella no soportó mi indecisión, me sacó turno en el hospital, con una psicóloga, para la orientación vocacional.

No recuerdo exactamente cómo fue la charla pero, estoy seguro que la pregunta de la psicóloga iba de por qué razón estaba ahí. Recuerdo haber dicho que estaba ahí para que me digan qué debía hacer o estudiar. Ella me dijo: esto no es un test vocacional, acá orientamos a la persona para que descubra qué le gustaría hacer. Me fui del consultorio pensando en que no me era necesario continuar con esa orientación: yo sabía qué cosas me gustaban, me interesaban y me motivaban.

Creo que fingí ir a la orientación durante un tiempo. Mi madre nunca me preguntó sobre ello o, al menos no lo recuerdo. Pienso que ella sabía que yo sabía qué quería, pero me apuraba, simplemente, para que me mueva, para que haga cosas. Así que, desde aquellos días no paro de hacer, de estudiar y capacitarme todo lo posible. Solo me falta conseguir el empleo adecuado.

Hoy, mi madre no me apura como en aquellos días: me deja dormir, me trata bien, porque tengo un empleo (¿o tuve?: la RRHH de la empresa me dijo que espere hasta el viernes porque la selección se atrasó por los feriados). Para mi mamá, lo importante es trabajar, no importa de qué o cómo. Está feliz, se siente completa por mí. Yo, al menos estos dos días de descanso, de ser yo, me sentí bien.

Y, a pesar de no haber hablado de casi nada en particular, esta entrada es, algo así como un rejunte de pensamientos. Y no mucho más.

Lectores están invitados a comentar y recomendar el BLOG.
Saludos,


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