”facebook” ”youtube” ”g+”
Mostrando entradas con la etiqueta empresa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta empresa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de marzo de 2014

Fin del contrato II

Había escrito una entrada, un tanto optimista para el día de hoy. Trataba sobre varios temas, entre ellos, los feriados y la orientación vocacional. Pero tendrá que ser la entrada de otro día porque sucedió lo siguiente:

Los lectores atentos ya conocen la historia. Quienes no, podrán leer las distintas partes que la conforman: PARTE 1 - PARTE 2 - PARTE 3 - PARTE 4

Prosigamos.

Hoy era un día clave, por, sobre todo, dos razones:
1. Me iban a informar si ya estaba el pago de las dos semanas que trabajé.
2. Me despedirían o me efectivizarían.

Empecé a trabajar en esta empresa como inventarista. Fui contratado por la consultora G**** L******, que me mintió, entre otras cosas, diciendo que estaría de prueba tres meses y que luego había posibilidades de efectivización. Cuando llegué al empleo, me encontré con que me habían contratado para reemplazar al cubridor de vacaciones, que renunció a los dos meses y medio de trabajo. Por lo tanto, mi vida útil, ahí, era de dos semanas, no de tres meses.

Si bien veía lejos la posibilidad de efectivización, la semana pasada tuve una entrevista directa con la empresa. La desconsiderada, descortés e indiscreta RRHH de la empresa, me dijo que le parecía raro que quieran efectivizar a alguien que tiene dos semanas de trabajo, teniendo en cuenta que hay otros empleados con más tiempo y experiencia esperando que los efectivicen. Argumenté que estaba haciendo un buen trabajo pero no sé si la convencí. De todos modos, me envió a hacer los exámenes médicos. Me dijo que el lunes 3 de febrero me llamarían para firmar el contrato y que, esa misma noche comenzaría a trabajar. Ni ella ni yo nos percatamos de que fue feriado o, al menos eso quiero creer.
Así que yo supuse que el día clave era hoy.

El día 28 de febrero se acabó mi contrato.

Hoy me levanté y le envié un mail a la RRHH de la consultora diciendo esto:

De: Gonzalo
Para: tt*****
Hola T*****, soy Gonzalo *****. Los de administración de RRHH jamás me pasaron la fecha exacta de cobro. Supongo que ya está disponible. ¿Me lo podés confirmar, por favor?

Muchas gracias.

Me respondió al instante...

De: tt*****
Para: Gonzalo
Gonzalo;
Recién averigue y cobras el próximo lunes 10-03-2014
Saludos

La realidad es que esa respuesta no me decía nada. Yo necesitaba saber qué iba a pasar con mi vida: si seguía trabajando, si me iban a pagar las dos semanas, si me iban a liquidar el sueldo... ¡algo! Así que le respondí.

De: Gonzalo
Para: tt*****
¿Alguna información más?:
1.¿Por cheque, por débito? (Me habías dicho que el cobro era en los 5 primeros días hábiles. ¿Alguna explicación del por qué debo esperar tanto tiempo?)
2.¿Me despidieron o algo? (Ya que me dijeron que los contratos finalizan en marzo y que yo estaba como reemplazo del cubridor de vacaciones, que renunció).

Espero tus respuestas, muchas gracias.

A lo que me responde lisa y llanamente esto:

De: tt*****
Para: Gonzalo
Si venite con tu dni el próximo lunes 10-03-2014 a las 12hs aca a av Belgrano 1580!
Saludos

¡¿Sí, qué?! ¿Me despidieron?, ¿el cobro es por cheque, por débito? ¡¿Sí, qué?!
No le respondí porque entré en un violento tornado de ira desenfrenada que terminó en transformarse en nervios, tristeza y frustración.

Siendo ya el mediodía, sigo esperando el llamado que me diga que me efectivizan pero, claro, a esta altura, ya parece imposible.

Así que, así fue.

¿Qué me dicen que haga? ¿Se puede hacer algo al respecto? ¿Algo más que quedarme esperando? ¿Algo más que seguir buscando empleo? Quiero venganza, quiero muerte. En fin, no me siento muy bien el día de hoy.

Espero sus comentarios.
Saludos,

lunes, 20 de enero de 2014

1. La entrevista


La entrevista era en las oficinas de la empresa. ¿De qué va la empresa? Venta de programas educativos. Lisa y llanamente: un puto call center. Algunos de ustedes sabrán que odio esa rama de la esclavitud pero, en estos momentos estoy metido en la mierda más profunda de la desesperación laboral y tuve que acceder.

El vigilancia me dice: subí al piso 8 y esperá en la terraza. ¿En la terraza? Sí, en la terraza. Ya te van a llamar. Subo al piso 8 y veo la puerta hacia la terraza. Me acerco pero no salgo ya que había otras personas fuera. Mi paranoia decía cosas como: tenés que ir y sociabilizar, porque pueden estar grabándote para ver cómo te desenvolvés socialmente.

Salí al patio de ese espejado y frío edificio. La vista era miserable como en casi toda la ciudad. Había una pileta, una mesa y bancos de plaza. En esos bancos estaban un tipo pelado y una vieja. Nos saludamos. El pelado estaba sentado en la cabecera de la mesa, como si fuera Julio César. Tenía el típico aire de superioridad que tienen los que piensan que van a pisarte la cabeza en la entrevista. Me dio la impresión que era un topo de RRHH, así que le dediqué mis mejores sonrisas y, simplemente contesté lo que me preguntaba.

“¿Hace mucho estás buscando trabajo?”, me dijo. Mentí: no, esta semana empecé. El pelado dice “esta debe ser la segunda entrevista más rara a la que fui en mi vida. La primera fue para Intel. ¿Conocen la empresa Intel? Fue en un bar, me pedí una cerveza y café”. ¿Por qué no te habrán contratado?, pensé. Luego, llegó un flaco más que, era algo así como mudo, y una chica que, lo primero que dice es, “nos hubieran dicho y traía la bikini”.

Luego de media hora de espera, viene una mujer y nos dice que la acompañemos. Entramos a la oficina. Hay 10 máquinas, 3 ocupadas. Pasamos a una oficina personal. Le damos la mano al dueño de la empresa y nos invita a sentarnos.

Cada uno de nosotros se presenta y luego, el dueño de la empresa cuenta que es una empresa familiar que vende estos programas educativos a los hispano parlantes que viven en EEUU. El trabajo es para venta telefónica y cada venta dura alrededor de 45 minutos. El horario es de 17 a 23 horas por la diferencia horaria.

De repente, el tipo mira a la chica que al principio quería meterse a la pileta (la postulante) y le dice: ¿te da el sol en la cara? Sí, le dice ella. Tomá, te presto mis anteojos. El tipo le presta sus anteojos de sol, la mina dice “gracias”. Y luego el tipo le dice: pero devolvemelos cuando te vas.

Luego de esa escena de grotesco surrealismo laboral, llega la parte que nos interesa: el sueldo. Nos dice: ustedes, lo que van a cobrar es un viático de $3500. Un viático de $3500 los dos primeros meses. Un viático porque ustedes son los que regentan su propio negocio acá. De ustedes depende su sueldo. Acá no hay techo para las comisiones: pueden cobrar 10 lucas, 11 lucas, pero tienen que vender.

Perdón pero, no entendí eso de los dos primeros meses, dice el pelado. Claro, dice el dueño de la empresa, nosotros invertimos esa plata en ustedes al principio, porque no tienen experiencia en este lugar, no tienen la dinámica de venta que nosotros utilizamos. Invertimos esa plata en ustedes, repite.

Ajam, ¿y después de los dos primeros meses?, dice la chica de los anteojos de sol. Después, el sueldo fijo que se cobra es $2500, más las comisiones. Te hago otra pregunta, dice esta chica: ¿este trabajo es en blanco? Luego de un evidente e incómodo silencio, el dueño de la empresa dice: eh, bueno... me parece que... el monotributo, ahora, tiene aportes. Sí, me parece que sí, dice la chica. Entonces, el tipo cambia de tema rotundamente: acá chicos, nosotros los tratamos bien, tienen jugo, agua, galletitas, pueden salir a fumar, se los respeta, porque nosotros queremos que vendan. Si ustedes venden, nosotros estamos bien... y ustedes también.

Luego de diez minutos más girando en este tema del buen trato, nos dijo: bueno, el viernes y el lunes van a tener una capacitación. El trabajo comienza el miércoles. Ah, ¿ya venimos a la capacitación?, dice la señora. Sí, sí. Y... ¿la capacitación es paga?, dice la chica, sacándose los anteojos y poniéndolos sobre la mesa. Hmmm, no, no es paga, dice el dueño de la empresa. Pero es un ratito, dos horas. ¡Chicos, no es nada!

El pelado está recibido de realizador de efectos especiales y, según comentó en la entrevista, está estudiando bioquímica también, porque “tuvo un momento trascendental hablando con una profesora, que le voló la cabeza”. La vieja trabajó toda la vida en telemarketing. Íbamos los tres en el ascensor. El pelado le dice a la vieja: mirá, cuando vos dijiste que trabajabas de telemarketer vendiendo planes de ahorro y de obras sociales, la verdad, no quiero ofender pero me pareció repulsivo. Pero este producto me gusta. Me parece fácil de vender. Pensá que los mexicanos que van a vivir a Estados Unidos no tienen plata para pagarse estudios. Allá sale una fortuna estudiar. Pero ellos quieren progresar. Ahí me puse mis auriculares y dejé de escuchar ese discurso conformista, racista y soberbio. Vergüenza para los profesionales desempleados.

Y bueno, salí de la entrevista con un gusto amargo en el alma.
Mañana les cuento qué sucedió en la Capacitación, día 1.

Saludos,



lunes, 6 de enero de 2014

Los trabajos que nunca me dignificaron



Está esta frase mega-archi-conocida “el trabajo dignifica” que, pronunciada solemnemente, suena a gran verdad. Pero, ¿lo es?

Me acuerdo el primer día que entré a trabajar en una perfumería, hace ya muchos años. La encargada me dijo: vos sos uno de los cadetes, pero hoy vas a estar en el depósito desarmando cajas y ayudando a ordenar, porque hay ratas y tenemos que desratizar. Así que, en cuanto terminás de desarmarlas, apilarlas y atarlas, limpiá las caquitas de las ratas. ¿Sabés desarmar cajas o tengo que enseñarte?

A lo largo de mi triste experiencia laboral, me he topado mucho con estas encargadas o líderes estresadas y sabelotodo, con dificultad para manejar la presión a la que están expuestas, por su fidelidad intachable con la empresa.


  • El último trabajo que tuve fue en una empresa de inventarios. Cuando llamo a la oficina para avisar que me enfermé y que no podría asistir al inventario del otro día, me dicen: conseguí un certificado médico o te vamos a descontar el día. Aunque me pareció injusto porque me pagaban por hora de trabajo realizado, como no me mandaron médico y no me pagaban obra social, ni me calenté. 
    En otro inventario, la líder me dice: no podés faltar, yo cuento con vos. Pero estaba enfermo, le digo. No importa, quiero gente que me sume no que me reste. Yo también me enfermo y vengo igual.  Si estuviera contratado por la empresa, si me pagaran como a vos  y tuviera obra social, tal vez, le dije, pero ni siquiera así se justifica que, sintiéndome mal tenga que trabajar.
  • Otra: en una entrevista, un niño de no más de 17 años me cuenta que el puesto era para ser supervisor de volanteros. Y yo me pregunté ¡¿supervisor de volantero?! Un trabajo digno, sin dudas, y con un jefe que recién terminó la secundaria. Qué vergüenza me dio, yo que soy un profesional.
  • Cuando salí de la secundaria trabajé en una farmacia en Barrio Norte. Era de 09:00 a 21:00 hrs. Cero vida social por $80 por semana, más propinas. Estaba en negro, no me pagaban la comida y, a menos que estuviera interesado en estudiar medicina o algo parecido, ese trabajo no me serviría de mucho para el futuro. Renuncié a la semana.
  • Hice una pasantía rentada en un estudio de grabación. Adquirí mucha experiencia en esta pasantía... lavando platos, barriendo, pasando Blem a los muebles y jugando con la hija del dueño del estudio. Me pagó $100 por ese mes, por ser la niñera-mucama. 

Alguno dirá que es el sistema el que no dignifica, o la economía, etc... 

Pienso que un trabajo digno es el que permite que te emancipes. Un trabajo dignifica si con los $23 por hora pudiera pagar el alquiler,  mis estudios, las expensas, la comida, los productos de limpieza, los viáticos; si me alcanzara para ahorrar, para comprar un auto, no sé... hacer un viaje, o, mejor aún, para crear mi propia PYME. Un trabajo dignifica si es en blanco, si tiene obra social, al menos. Dignifica si el trabajo me permite expandirme, progresar, avanzar; si me diera la genuina oportunidad de convertirme en el jefe o de trabajar de lo que me gusta.

Un trabajo dignifica cuando te tratan como a un ser humano que realiza, de común acuerdo, un intercambio de trabajo por dinero, sin ser explotado y al que le dan la posibilidad de desarrollarse socialmente, tanto dentro y fuera del trabajo. 

Bueno, eso pienso yo. ¿Vos qué pensás?
Saludos,
Muy Desempleado.

viernes, 3 de enero de 2014

Nash, los colectivos y el empleo



Hace un tiempo atrás escuché esto de “El equilibrio de Nash(*)” y me recordó lo siguiente: cuando voy a lo de ******, en Caballito, suelo tomar el 114 (en la puerta de mi casa) para ir hasta Barrancas y de ahí, el 55 hasta Caballito. Pero a veces, si el 114 tarda en venir, camino hasta Cabildo y espero al 60, que tiene fama de venir a cada rato. 

El tema es que, cuando espero mucho tiempo al 114, me canso, voy hacia Cabildo y, cuando estoy por la mitad del trayecto, aparece y tengo que correr hacia alguna de las paradas (la de la esquina de casa o la de la esquina Cabildo). Por lo general, lo pierdo. Otras veces, voy directo a esperar el 60. Luego de unos minutos de espera me doy vuelta y veo como el 114 cruza Cabildo y me deja abandonado. 

Como dije antes, el 114 también para en la esquina de Cabildo y Blanco Encalada. El 60 casi en la esquina de Cabildo y Monroe. Hay menos de una cuadra de distancia entre ambas paradas.  Solía quedarme en Cabildo y Blanco Encalada, atento y, cuando uno de los colectivos se acercaba, corría a la parada. Pero esto de correr desesperado no es buena estrategia. No me gusta traspirar y hacer esfuerzo extra.

Mi prioridad es el 114 porque está en la puerta de mi casa y me deja en la estación de tren, donde para el 55. Con el 60 debo caminar o correr.

Entonces lo que hago ahora es lo siguiente: salgo de casa y veo si viene el 114. Si no viene, me fijo si se acaba de ir, o sea, mirando si está yendo hacia Cabildo. Si no está adelante, me quedo en la parada porque tengo chances de que no haya pasado recién, y siempre es mejor no caminar. Si lo veo irse, voy al 60. Pero, por lo general apuesto a que el 114 va a venir, por eso, me quedo en la parada enfrente de mi casa.

Si me quedé en la parada y en veinte minutos no vino, sigo esperando porque cuanto más espere, más cerca estaría de que llegue. 

 Lo que quiero decir con todo esto es que, si mantenés una estrategia por mucho tiempo, no conviene cambiarla porque, cualquier cambio que metés en el medio te genera más problemas que los que tenías en principio. Si yo, después de 20 minutos de espera del 114 me tomara un taxi, es probable que, antes de llegar a Cabildo, el colectivo aparezca por detrás. El gasto del taxi y la espera no se justifican. 
O, si en vez de tomar un taxi voy hacia el 60, me pasaría lo mismo (no se justifica la espera) y, posiblemente, corra el riesgo de seguir retrasándome.

El otro día me llamaron para un empleo de embalador, en Chacarita. Era en blanco, buen sueldo y posibilidades de progreso en la empresa, según me dijo la empleadora. Y lo pensé bien. ¿Me conviene cambiar la estrategia a esta altura? ¿Dedicarme a otra cosa que no sea mi profesión, mis estudios? Tal vez sí, porque hay que adaptarse y sobrevivir. Pero, por otro lado, pienso que todos esos años de estudio, de inversión de dinero, de tiempo y esfuerzo, fueron por algo. Voy a seguir mi propio ejemplo de los colectivos. Voy a mantenerme en la estrategia.

Así que bueno, ¿vos qué harías?
Saludos,
Muy Desempleado.

(*)Sabrán entender que, explicar el equilibrio de Nash me llevaría mucho tiempo. Es interesante, atrévanse a investigarlo.

martes, 17 de diciembre de 2013

Comercial/Ventas


En el espejo del baño tengo uno parecido. 
Dice: Sos un fucking profesional. 
No te condenes al sector ventas
 de ninguna estúpida empresa.


Saludos,
Muy Desempleado.
Post antiguo Home