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jueves, 27 de marzo de 2014

Cuando era chico quería ser astronauta



No vamos a entrar en terrenos filosóficos de los que nos costaría salir, claro, más por pereza que por falta de inteligencia, obviamente. El otro día fui al cine a ver La vida secreta de Walter Mitty. Y, luego de ese disparador de... ¿asociación de ideas...?

Todos nosotros, los seres humanos, tenemos límites por todos lados. Hay algunos trabajos que sé, jamás podré hacer:

1. Jamás podré ser aquello que soñaba ser en la infancia: astronauta y bombero. Creo que lo de astronauta es evidente. Lo de ser bombero, tengo algunas chances aún, pero la veo complicada si no consigo un empleo en relación de dependencia.

2. En mi período adolescente quería ser dos cosas (también): deportista y músico. Parece como que el generoso bombero, o el misterioso e inteligente astronauta, héroes que entregan su vida a la nación y al mundo, que soñaba ser cuando pequeño, ahora, se tornaban más a lo introspectivo, a lo personal. En la primera mitad de la adolescencia estaba volcado al deporte, tal vez, influenciado por el ejercicio físico necesario para ser astronauta. Tal vez, sabiendo que nunca conseguiría serlo, sentado, viendo televisión y disfrutando de mi niñez en un país tercermundista, conformándome sobre todo, opté por algo más posible como ser deportista: personas aclamadas, reconocidas que no arriesgan su vida pero se sacrifican en su trabajo tanto para sí mismos, como para el público. Y me olvidé de ser astronauta y bombero.

Cuando comencé (¿inconscientemente?) a hacerme esas preguntas existenciales del período adolescente, me volví algo oscuro y deprimido. Volcado al arte, a la necesidad de ser aceptado, de encajar en el mundo, de expresarme, de producir cosas.

3. Saliendo de la adolescencia (si es que ya salí), me incliné por la practicidad pero sin abandonar esa necesidad de producción y de expresión. Soy una mezcla desequilibrada de deseos. Y esto se debe a que, por un lado, quiero ser algo, quiero aportar algo a este planeta, ya sea expresándome artísticamente o haciendo un trabajo distinto. Algo que mejore nuestra calidad de vida, quizá. Y, por otro lado, quiero un trabajo completamente normal, mediocre, algo rutinario y robótico. Más que nada porque no tengo empleo y, hoy por hoy, me conformo con casi cualquier empleo que me asegure estabilidad.

Entonces, todo se reduce a lo que uno quiere y a lo que uno necesita. Son como los lobos interiores de ese pequeño cuento Cherokee. El lobo de lo que uno quiere y el lobo de lo que uno necesita. ¿Cuál va a quedar vivo? El que vos alimentes. Y también es como dice el Señor Miyagi en Karate Kid: el camino de la izquierda, bueno; el camino de la derecha, también bueno. Pero nunca por el medio. Creo que era así la frase de Miyagi, algún lector más atento, me corregirá en el caso de ser necesario.

Claro, es difícil hacer todo a la vez. Tener un empleo y, tal vez, otro voluntario (por ejemplo); y además, crear (artísticamente hablando). No digo que no se pueda. Algunos lo han conseguido. Pero uno debe elegir que clase de vida quiere vivir y aceptar los sacrificios que esa vida exige. Podría conseguir un empleo voluntario, por ejemplo. Pero, primero, tengo que poder sobrevivir yo. Alguno dirá que no, que no es necesario. Bueno, yo digo que si no como, si no pago mis cuentas o si no voy al médico, poca ayuda podré brindar a otros.

Hoy en día no soy el héroe que quería ser en mi infancia, ni soy el aclamado personaje que deseaba en la adolescencia. Soy solo una mezcla de deseos y necesidades insatisfechas. Casi que me corrompería por seguridad y necesidad, casi que me conformaría con una posición relajada, para ver algo en la tele al regresar de algún trabajo en relación de dependencia, y que me asegure estabilidad económica, y nada más.

Supongo que ahí está la diferencia entre la gente que se conforma y los héroes.

Mientras sigo buscando y esperando ese empleo, divido mi tiempo haciendo las cosas que puedo, quiero y se me permite hacer. Analizás el pasado y, cada año que pasa sentís que estás mirando más hacia el suelo, que hacia las estrellas. O algo así.

No se olviden de dejar sus impresiones y recomendar el blog!
Saludos,
Muy Desempleado.


viernes, 24 de enero de 2014

3. Capacitación: Día 2



Ahí estábamos, el pibe del rodete, el puerto riqueño y yo. Ni noticias de la chica de los anteojos de sol. Los tres tipos, únicos sobrevivientes de la entrevista y las capacitaciones, esperando que nos nutran con un empleo remunerado, en este call center disfrazado de amor por la educación de hispano parlantes en Estados Unidos.

Cuando llega la hija del dueño, que es quien estaba a cargo de la capacitación, nos dice: “no sé si les comentó mi papá, pero hay un filtro. Por ahora, ustedes, han pasado ese filtro”. Pensé: ¡¿de qué filtro habla si de acá se fueron todos porque la propuesta laboral no convence a nadie?!

A diferencia de los días anteriores, donde nos enseñaron que “el cliente no es cliente, es un alumno que quiere aprender y progresar en un nuevo país y cultura”, ahora, nos dicen que “el cliente tiene una necesidad que tenemos que motivar como sea. Tenemos que, con el arte del speech, tentarlo, atraerlo, tiene que sentir la necesidad de hacer el curso, tiene que ver la posibilidad de progreso, de conseguir el sueño americano que tanto anhela.” 

“Si por alguna razón ven que el cliente duda, le preguntan: ¿hace cuánto que está aquí, en EEUU? Dejan unos momentos para responder y preguntan: Usted, ¿cree que consiguió algo en estos años? ¿Cree que hizo algún progreso? Ahí le clavan el cuchillo porque, esta gente, a lo sumo consiguió un empleo de 14 horas, no tienen seguro social, tienen un mal sueldo y cabe la posibilidad de que sean ilegales”.

Comencé a preguntarme si yo no era igual que el cliente: atrapado, motivado por el speech de un empleador que me promete comisiones sin techo, que me promete el progreso y el buen clima laboral.

La estructura del speech es simple: es una guía de presentación y preguntas que van desde, la presentación del vendedor, conocer al cliente (sacarle todos los datos posibles y con esos datos llevarlo adonde queremos, por ejemplo: dónde vive, con quién, a qué se dedica, por qué quiere hacer el curso y si tuvo experiencia en esa carrera), preguntas y afirmaciones de motivación ¿o desmotivación? (como la que mencioné más arriba de si logró algún progreso en su tiempo en EEUU) y luego, las formas de pago. La idea es mantener esa estructura, escuchar a la persona, mantener un diálogo en pos de que compre el curso, meter al cliente en un embudo del que solo puede salir pagando el programa educativo.

Nos pusieron a cada uno al lado de un vendedor para que veamos y escuchemos cómo es el trabajo. Estuve al lado de un tal José. José tendría 25 años. Un tipo copado en un trabajo miserable. Me dice: ¿alguna vez trabajaste en un call? No, le digo. Es una mierda, me dice y cambia la voz rotundamente, cuando alguien en el estado de California le atiende. 

José me muestra un Excell donde anota sus ventas del mes. Hizo, supongo unas 500 llamadas, tan solo logró 15 ventas, de las cuales 10 se las cancelaron en el llamado de confirmación del envío, 3 están en veremos y, tan solo 2 fueron exitosas. José hizo solo 2 ventas ese mes, por lo tanto habrá recibido de comisión entre $100 y $200 por cada una, más algún premio (si es que los premios son reales, ya que ni nos informaron de ellos). Este mes cobraría algo así, como máximo $2900. Y es el mejor vendedor que tienen.

Sabíamos desde el principio que era un call center, que la buena onda, paulatinamente se transformaría en tensión según la cantidad de ventas, que el alumno es un cliente, que el sueldo es de terror, que no hay aportes, no existe la antigüedad, ni el progreso. 

“No hay techo de ventas”, decía el dueño de la empresa y “no hay un mínimo”, decía su hija. Es realidad que no hay techo de ventas y que no hay un mínimo que puedas hacer, pero fijate como manipulan el lenguaje, como manipulan a los empleados, comprándolos con café, jugo, galletitas y un disfraz de buen ambiente laboral para que el desempleado agarre pensando que podrá progresar en su vida, ¿no?

Y bueno, como decía esta Capacitadora, "hay un filtro", y en este caso soy yo mismo: no pienso volver a pisar ese lugar.

Así que, así fue.
Si no leíste La entrevistaacá está.
Si te faltó la Capacitación: día 1, acá la tenés.

¿Tuviste experiencia en Call Center?
Contá, dale.
Saludos, 
Muy Desempleado.


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