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miércoles, 5 de febrero de 2014

Una nueva entrevista fallida

Venía apretado, sudando y triste, escuchando People Have The Power de Patti Smith y pensaba en esa escena de subte línea D. La gente tiene el poder.

Pienso que ninguna historia tiene final conclusivo. Al menos, en 29 años de vida que llevo vividos, no recuerdo que algo tenga un feliz final de temporada. Todo es un final inconcluso o infeliz. Y durante la temporada, lo que no es un obstáculo, es una esperanza que se pierde de un momento a otro.

Claro, hablo de lo laboral, de lo económico. Pero el poder que tiene esa zona en la vida de todos nosotros es inmenso. Yo vivo en la zona en que el problema es económico, laboral o misteriosamente kármico, la zona en que me veo haciendo las mismas cosas una y otra vez y no consigo resultado alguno, la zona en que analizo la situación en la que me encuentro, trazo un plan y cuando lo llevo a cabo, nada sale bien o se estanca (que es lo mismo que salga mal). Vivo en la zona donde todo es un comienzo, planear algo nuevo, una salida, un agujero en la pared para respirar, y donde te volvés a llenar de ideas y subjetividad. Vivo en la zona del fracaso constante, donde lo romántico de la esperanza suena repetitivo.

Estuve en una entrevista en el Instituto Americano para un puesto administrativo. Fue la entrevista más corta de mi vida. tres minutos. Máximo cinco: pasé de la esperanza a la tristeza en menos de un minuto. 

Entré, me presenté y me preguntó sobre mi experiencia laboral. Le comento que tengo experiencia en el área administrativa ya que trabajé en una escuela de arte y como profesor de Diseño Gráfico. Me dijo que el trabajo es muy simple y que lo podría hacer a la perfección pero es un trabajo de 9 a 18 de lunes a viernes y los sábados de 9 a 13, $3500 y no me dejaría tiempo para dedicarme a mis cosas. 

El tipo asumió que yo buscaba un trabajo part-time para continuar con otras tareas, supongo. Tal vez, algo referido a mi carrera. Pero yo estoy muy interesado en la propuesta, le digo. Si ves atentamente mi CV vas a notar que he trabajado en puestos administrativos y operativos toda la vida, y a la par, podía dedicarme a estudiar que es lo que más me gusta. Pero, para estudiar, debo poder mantenerme, le digo. ¿Realmente querés trabajar acá? Este trabajo es una boludez, la paga no es buena... no es que no lo puedas hacer, creo que lo harías perfectamente, me dice, pero no sé si es para vos. ¿Por qué querés trabajar acá? Necesito sobrevivir y me siento cómodo en este tipo de trabajo, le repito.

Bueno, dejame ver, me dice. Hoy, alrededor de las 18 voy a llamar a la gente seleccionada. Pero no te puedo prometer nada, la verdad, me dice.

Y me fui. Es todo tan injusto conmigo y con mucha gente. Llevo días apostando, preparándome para esta entrevista: lustrar los zapatos, elegir la ropa, usar gel, afeitarme, aprender el camino hacia el lugar, preparar mi discurso, etc. Y claro, también invertí mi tiempo y el poco dinero que me queda en viajes, por ejemplo.

Cualquiera podría decir que lo mío es contínua queja, que alguien bien plantado en la vida, no sería tan llorón. Porque la vida es eso: es una inversión, las cosas salen mal y tenés que continuar, tenés que sobrevivir sea tu empresa un éxito o un fracaso. Estamos de acuerdo: las cosas salen mal y hay que continuar. El tema es hasta cuándo uno quiere o puede continuar intentando.

Y ahí viajaba yo, parado en una esquina, mirando a la gente que comparte subte, que van hacia sus trabajos cada día. Me los cruzo de vez en cuando, cuando voy a alguna entrevista.

Así que, así fue.
Saludos,
Muy Desempleado.

martes, 14 de enero de 2014

Aquella vez, en X*****



Tenía una entrevista en una empresa de software, en Puerto Madero, para el puesto de reclutador. La empresa tiene su cliente, un software a desarrollar y, bueno, X***** (la empresa) contrata diseñadores, desarrolladores, etc., terciariza el trabajo. Y yo, vendría a ser el que busca a esos diseñadores, desarrolladores, etc. Un trabajo interesante.

La entrevista era un martes a las 14:00 hrs. Hasta Puerto Madero tengo como una hora de viaje, así que 12:30 hrs. ya estaba preparado para salir cuando recibo un llamado de RRHH, pidiéndome disculpas pero debían reprogramar la entrevista para el día siguiente, a la misma hora. Así que, al día siguiente, 12:30 hrs. salí para Puerto Madero. A diferencia del día anterior, éste llovía y había mucho tránsito. De todos modos llegué a horario. 

Me anuncio en el puesto de vigilancia y me preguntan con quién tengo la entrevista. R*****, le digo. Ah, pero ella no está, salió a una reunión, hace un rato. Pero si vos tenés una entrevista y ella sabe, seguramente va a volver. Esperala ahí, me dice.

Estaba sentado y R***** ya tenía quince minutos de retraso. Comencé a traspirar. Saqué mi libro e intenté concentrarme en la buena literatura. El hombre de seguridad se acerca y dice: seguro que era hoy, ¿no? Sí, le digo.    

A los pocos minutos me suena el celular: R*****. Me pide que la disculpe, que está muy retrasada en una reunión y que, si no me era mucha molestia, espere a H*****. H***** me haría la entrevista cuando llegue. Está atascado en el tránsito. 

Cuando tengo una entrevista intento no hacer ningún otro plan para ese día, así que, mucho no me importó esperar unos cuantos minutos más. Aprovecharía para leer y, ya estaba más tranquilo, sabiendo qué estaba pasando. Pero estaba todo sudado. Fui al baño y me cambié la camisa (siempre llevo una de repuesto).

A las 14:30 hrs. llega un flaco, se anuncia y se sienta a esperar, al lado mío. El hombre de seguridad lo mira y le dice: H***** llamó pidiendo que lo esperes, está retrasado. Gracias, dijo el flaco, y agarró una revista, apoyó los pies en la mesita, y se puso a leer.

14:40 hrs.: llega una chica mucho menor que el flaco y que yo, pero con una seguridad desbordante, una presencia que decía “este trabajo es mío”. Se anunció y esperó parada. Ya me sentía amenazado por la buena presencia, la seguridad y la juventud. Comencé a sudar nuevamente.

15:15 hrs. llega H*****, habla con los de seguridad y le dice al flaco que estaba al lado mío que lo disculpe, y que espere un poco más. A los 10 minutos vuelve y lo invita a pasar a su oficina. Yo ya no podía leer más, estaba todo transpirado, llevaba más de una hora de espera, llovía y no me sentía confiado. 

El flaco sale luego de 20 minutos aproximadamente. Aún no comprendía por qué lo entrevistaron primero, si yo había llegado antes. Entonces, cuando aparece H***** para la próxima entrevista (como 10 minutos después de que se fue el flaco) le digo: mi entrevista era con R****** y estaba pautada para las 14:00 hrs. Sí, ya sé., R****** me pidió que te haga yo la entrevista. Termino con ella y pasás vos, ¿dale?.

Así que esperé otros 20 infinitos minutos a que terminara la entrevista con esa chica que, sin dudas, conseguiría el puesto. Cuando salió, H***** me dice: dame un momento. Y claro, yo ya estaba ahí, esperando, ignorado, hace dos horas, ¿qué me hacía un momento más?

Cuando salí de la entrevista pensé, “si me hubiera contratado todo esto hubiera valido la pena”.

Así que, así fue.
¿Alguna vez esperaste más de lo debido por una entrevista?
Saludos,
Muy Desempleado.



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