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lunes, 27 de enero de 2014

Dos trabajos Part-time


Siempre me preguntan si las historias que cuento en Muy Desempleado son ciertas. La respuesta es que , son ciertas. Hoy les voy a contar una sobre dos trabajos part-time que tuve a la vez...


Hace ya mucho tiempo, trabajé como docente part-time, de nivel básico de diseño gráfico, en una consultora que ofrecía cursos y asesoramiento a nuevos emprendedores y a trabajadores, que cumplen licencia por accidente.

Me pagaban mensualmente, por cantidad de alumno. Como mi trabajo dependía de la tragedia de alguien que sufría un accidente, que caía en la consultora y que eligía mi curso entre otros 60 cursos, no me alcanzaba el sueldo para sobrevivir. Así que, paralelamente, comencé a trabajar en horario nocturno, en una empresa de inventarios.

Llevaba más de medio año en ambos puestos, pero no me alcanzaba para pagar cuentas ni ahorrar (*). En la fila para entrar a un inventario de F********, en el Gran Buenos Aires, me tocan el hombro. Me doy vuelta y veo a uno de mis ex alumnos. Había sido despedido de su trabajo anterior, y caído en las garras de esta empresa especialista en inventarios.

¿No trabaja más dando clases?, me dice. Sí, pero no me alcanza, le digo. Y ahora tenía de compañero a mi alumno que, sin dudas, era mejor auditor que yo.
Casi renuncio de la vergüenza que me agarró. Pero me la aguanté bien. Después nos hicimos amigos. Cosas que pasan en trabajos part-time.


(*) El trabajo de auditor es un empleo basura, destinado a no durar. Pero en otra entrada hablaré sobre ello.

Así que, así fue.
Los invito a comentar y compartir sus experiencias, vamos.
Si quieren pasen por mi facebook  y, los invito a suscribirse al blog, claro.
Saludos, 
Muy Desempleado

jueves, 26 de diciembre de 2013

Sobre el día en que confié en comoviajo.com.ar



Tenía una esperanzadora entrevista de trabajo en una oficina, en San Martín (un lugar adorable para coronar el fracaso de mi existencia). Entré a comoviajo.com.ar para ver cómo ir. 45 minutos de viaje y un colectivo, decía esta agradable página que nos brinda un maravilloso servicio, del cual depende nuestro futuro ya que, gracias a él, sabemos cuándo salir, cómo y hacia adonde ir. 

Ya tenía el CV impreso y metido dentro de un sobre que encontré en casa, el pantalón de vestir y la camisa listas. Lustré los zapatos, me perfumé con una muestra gratis de un perfume de Antonio Banderas que conseguí en una perfumería, y ya, salí. 

Salí una hora y media antes, por las dudas. Siempre pasa algo. Estaba en la parada de colectivo y se largó a llover. Como se empezó a mojar el sobre con el CV, lo metí adentro del pantalón y lo tapé con la camisa. De todos modos, el daño ya estaba hecho: el sobre estaba doblado, mi ropa estaba mojándose y no había techito en la parada. A los pocos minutos empecé a sentir como se mojaba mi boxer y mi alma se ahogaba en la desesperación.

Decidí volver a casa pero justo venía el colectivo, así que subí. Hasta la plaza de San Martín, le digo. No, flaco, no voy hasta ahí. Pero ¿cómo? si comoviajo me dijo que ibas. No, no voy. Pero comoviajo... Bueno, pero no voy. Tenés que tomar el 169. 

Caminé ocho cuadras por la avenida, hasta la parada del 169. Crucé por mitad de la calle. Casi me pisa una ambulancia. Debía sacrificar mi pobre vida ya que el colectivo estaba en la parada. Subo, le digo adónde voy, pago $2,35 y arranca. 

Hizo diez metros de trayecto a 80 km. por hora y pensé que todo saldría bien. Pero cuando llegó al semáforo todo se convirtió en una absurda pesadilla en cámara lenta. Sentía que me hundía en la arena movediza de la frustración, que la sombra de la negatividad apoyaba sus huesudas garras en mi frágil corazón de excremento y lo apretujaba, mientras policías y ambulancias se acercaban a un taxi dado vuelta en mitad de la calle. No vi sangre ni víctimas en los quince minutos que pasé observando ese escenario por la ventanilla. Cuando pudo, el colectivo siguió su camino a todo volúmen con la radio Vale, lo que no me permitió repasar mi entrevista imaginaria. No se puede repasar tu CV mentalmente mientras la radio te empuja a tararear a Ricardo Arjona en contra de tu voluntad.

Más adelante, el colectivo se estancó por cortes, por las vías de tren, y desvíos porque algunas calles estaban inundadas. Aún me quedaba media hora de viaje y estaba a cinco minutos del comienzo de la entrevista. Seguía lloviendo, estaba mojado y comenzó a tronar. Decidí volver a casa. 

Bajé del colectivo, crucé y esperé tres minutos el colectivo que me devolviera a mi seguro hogar. Subí y en quince minutos llegó a mi barrio. En menos de media hora estaba sacando las llaves para entrar a casa. Tenía chuchos de frío y comencé a estornudar; perdí la entrevista y la posibilidad de trabajar. Lo peor de todo es que, cuando entré a casa, salió el sol.

Así que, así fue: ya no confiaré en comoviajo y, antes de salir revisaré el clima, por si tengo que llevar paraguas.


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Saludos,
Muy Desempleado.

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