El jueves estuve en una inusual entrevista para el solemne cargo administrativo de una escuela de negocios, en una galería de la Capital Federal. Subí por una escabrosa escalera y me topé con la escuela. Un lugar placenteramente desagradable para trabajar. Al menos se me antojó así a primera vista. Entré, me presenté y como siempre, tuve que esperar. Los demás candidatos iban llegando a medida que pasaban los minutos. Más que candidatos, candidatas. Eran todas mujeres jóvenes, bien vestidas y perfumadas. Todo lo contrario que quien te
Pasamos y, como en toda entrevista grupal, luego de comentarte de qué va el empleo, si te interesa y todo eso, tenés que presentarte.
Siempre me hacen la misma pregunta. ¿Por qué siendo un profesional volcado al arte te postulás para un puesto administrativo? Mi respuesta: tengo que sobrevivir. Mi respuesta, aunque corta, honesta. Considero que responder en forma de monólogo chamuyero tampoco ayuda. Pasó el momento, todos se presentaron y, la verdad, ya sabía que no iba a conseguir el empleo.
Comenzó el bloque de tests psicológicos que todos conocemos. No solo por haberlos hecho en entrevistas sino también por haber leído los tutoriales de Taringa!, que explican como pasarlos a la perfección.
Todos los dibujos eran iguales: mujeres centradas en la hoja y de tamaño medio, con trazos ni muy débiles ni muy fuertes, con vestimenta, y paragüas que las protegen de gotas de lluvias (hechas con líneas ni muy chicas ni muy grandes), que bajan hasta el suelo (una línea trazada bajo los pies), desde nubes separadas en el cielo. Más algún que otro detalle en las manos, como una cartera, ponele.
Todos eran así, menos el mío. Porque, a decir verdad, recién me avivo. Acabo de terminar de leer los tutoriales de cómo pasarlos. Al parecer soy un psicótico con problemas para relacionarme con la gente, demasiado depresivo, confusión de ideas y ambigüedad sexual que jamás será contratado por nadie.
Así que, así fue.
¿Cómo es tu hombre bajo la lluvia?
Saludos,
Muy Desempleado.
